Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis No veas la TV ¡Hazla!

SENTIDO COMUN

jjj @ 02:51

En mayo se produjo un acontecimiento histórico en los mercados del Viejo Continente, y en concreto, en el joven mercado español. Se trataba de la visita del posiblemente mejor inversor de todos los tiempos, Warren Buffett, presidente de Berkshire Hathaway, de 77 años y natural de Omaha (EEUU).

 

La razón de su visita era buscar oportunidades de inversión en Europa, en las que tomar el control de una compañía y permanecer un tiempo largo, se podría decir toda la vida. Tanto Buffett como Charlie Munger (84 años), vicepresidente de Berkshire y socio de siempre, tienen su propio tao en la selección de valores, que les ha ofrecido unos retornos anuales del 21,1 por ciento, frente al 10,3 por ciento del S&P 500, en un periodo de unos cuarenta años, concretamente desde 1964.

Ante estos números, no queda más que rendirse a la evidencia, y en mi modesta opinión, todo gestor de fondos y carteras con una visión de largo plazo debería prestar atención a este tipo de personajes. No obstante, no hay libro mágico escrito por él mismo, al modo de otros grandes gurús como Mark Mobius o el propio Peter Lynch, donde se explique detalladamente los secretos de la buena inversión. Su legado reside en las particulares cartas anuales a partícipes. Es entonces cuando aparece el descubrimiento del secreto mejor guardado. En su última carta de 2007 decía: "Charlie y yo, buscamos empresas que tienen: a) un negocio que entendamos, b) buenos fundamentales económicos de largo plazo, c) equipo directivo capaz y honesto, y d) un precio atractivo."

En principio, esto es todo lo que necesitaría un buen gestor de carteras para realizar inversiones exitosas en el largo plazo; los pilares de lo que se denomina inversión en valor (value investing), de la cual me confieso ferviente discípulo. Aunque claro, posiblemente esto ande muy alejado de las complejas y sofisticadas técnicas de inversión actuales, basadas principalmente en el empleo masivo de derivados, análisis técnico con poder predictivo, estructuras MBS, ABS, CDO y otros animalillos y un largo etcétera. Y es que, en la medida que el lenguaje financiero y los instrumentos y técnicas empleadas se vuelven más sofisticados, el inversor medio tiende a pensar que una inversión tan compleja, con tantos nombres exóticos, no puede ser mala. La historia reciente, con la actual crisis de liquidez, nos ha demostrado lo contrario. En palabras del propio Buffett: "Hay que leer a Ben Graham y a Phil Fisher, además de los informes anuales, pero sin llegar a las ecuaciones con letras griegas".

Con esto no quiero decir que las estructuras y coberturas con derivados no sean útiles, todo lo contrario. Pero la premisa básica de la inversión racional deben ser invertir en algo que seamos capaces de entender, y tener claro que la violación de este principio puede traer consecuencias no deseadas. Y la sensación es que muchas de estas estructuras, causantes en parte del actual panorama, se han comprado y se han vendido sin saber muy bien que había detrás.

Lo que nos viene a decir Buffett no es más que el sentido común aplicado al mundo de las inversiones. Veámoslo con una situación de nuestra vida cotidiana, la compra de un frigorífico. El comprador racional no se queda con el primero que ve sin antes consultar varios modelos, preguntar a familiares y amigos, visitar más de una tienda, seleccionar marcas, ser capaces de entender el funcionamiento del aparato, tener en cuenta la existencia de un servicio postventa... y finalmente, ver precios. Porque, aún siendo todo de nuestro agrado, no compraremos a cualquier precio. Si le dedicásemos a la compra de valores al menos tanto tiempo y esfuerzo como el que le ponemos a la del frigorífico, estaríamos más contentos con nuestras inversiones actuales en el largo plazo.

Procuremos aplicar el sentido común a las inversiones, ya que nos ayudará a capear mejor los ataques maniaco depresivos que sufre el mercado de cuando en cuando, estando seguros de lo que tenemos en cartera. El truco, en suma, es que no hay truco, ni fórmula mágica. Se trata de hacer bien los deberes y tener paciencia. Los resultados de esta filosofía de inversión residen en la teoría de la convergencia, de tal forma que en el largo plazo valor y precio convergen. Si el negocio funciona, la cotización irá detrás.

LEIDO EN EL ECONOMISTA

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>